Ingresar a la secundaria y no saber quién o quienes son los malitos del cuento (o de la escuela) puede tener graves consecuencias. Todavía no comenzaba mi época de rebeldia estudiantil, más bien era de los que pasaban desapercibidos cuando me quisieron poner una buena chinga.
Todo por abrir el ocico frente a quién no se debe.
Sentabame yo en los pupitres de atras del salón, junto a una niña que me llamaba la atención, con la cual apenas y comenzaba a platicar. Entre clase y clase, el salon se quedaba sin maestro unos cuantos minutos, pero un día nuestro desmadre se vio interrumpido por una visita inesperada, alcancé a ver como por la barda del patio se metia a la secundaria de manera clandestina un wey como de unos 17 años (supongo), de complexión robusta y como 3 metros de alto (al menos eso me parecia en ese momento). Al wey ese lo habian expulsado años antes paro conocia a mucha raza de la secundaria. Su desmadre consistia en meterse a la escuela a escondidas e ingresar a los salones. Supongo que toda su vida quizo ser cómico o algo así, porque al nuestro se metia a sentarse en el escritorio, romper cosas y contar chistes (malísimos por cierto) los cuales todos los compañeros tenian que reir por miedo a recibir una buena "calentadita". Yo, tan prudente como siempre, me dedicaba a hacer comentarios entre los que estabamos sentados atrás y en voz baja, para madrearlo cada que decía uno de sus chistes (que repito, tenían menos gracia que los de Jorge Ortiz de Pinedo) pero no contaba con que a mi compañera, la que se sentaba a mi lado, le gustaba el tipo este, por lo tanto no le simpatizaba mucho lo que yo le dijera que el era un pendejazo patético que no hacia reir a nadie y aparte fósil. Grave error.
Al otro día el orangután este de 4 metros (de cerca me parecia más grande aún) a la hora del recreo se metio al patio, me empujó y me dijo que me iba a madrear a la hora de la salida, así nomás. Tragué saliva, y mis calzoncillos marca ramirez se me cayerón hasta las rodillas, sin agarrar la onda todavia de porqué ese wey me queria partir la jefecita a mi, un wey flaco, bajito, nada popular y que no se metia en broncas, aparentemente.
Pensé que quizá era puro pedo la amenaza, pues todavía no sabía el motivo, pero de todas formas me hice wey a la hora de la salida en una tiendita donde nos juntabamos a veces y según yo el problema estaba arreglado, pues ya habia pasado como media hora y toda la raza de la secundaria se habia retirado de las calles, excepto los que estabamos ahí. Así que cantando victoria me salí para irme a mi casita.
Caminando por la calle escuché a lo lejos "¡Hey!", ya venia cruzando la calle el cómico de barrio.
Me tiró una patada y me dijo "Te voy a partir la madre, que tienes eh?" la escena era como ver de frente a un león y un gato, a un san bernardo y un chihuahueño, a Mazinger Z contra R2-D2, ah...bueno ustedes entienden.
Solo me le quedé viendo y le dije "Que tengo de que?" sabía que ni de chiste le ganaria la pelea, pero quizá ganaba tiempo para que algo se me ocurriera, o echarme a correr, el cómico se iba a lanzar ahora sí con todo lo que tenia contra mí cuando apareció un vecino amigo mío, que estaba ya en la prepa y no le quedó más remédio al cómico que bajarle a sus negras intenciones, debió haber sentido lo mismo que yo al tener de frente a alguien con mas edad que el.
Después de eso ya no volvió a meterse a la secundaria, dicen que lo agarraron un día dentro y le llamaron a sus papás, no se, pero pasó mucho tiempo sin que lo volviera a ver siquiera por la colonia. Ahi comenzo la leyenda del "Paztorcillo valiente" que lucho contra abusadores y malvados salvando damicelas....eh, no es cierto, pero no sabia como terminar este post...