Cuando era un puberto inberbe ayá por epocas preparatorianas, habia un chingo de maestros bien singulares, los "perros" y los "barcos". Uno de los mas singulares era aquel a quien todos apodaban -en secreto- "el cuatro y medio", era un tipo alto y robusto que siempre llegaba vestido con camisa y pantalón de vestir, daba física y era mas bien catalogado en el grupo de los maestros "perros", hablaba fuerte y nomas de verlo inspiraba respeto, era cabrón el maestro ese, aunque eso si, sabia un chingo y la neta a mi siempre me gusto su forma de dar la clase.
El apodo que entre la raza -y muy cuidadosamente, pues sabe Dios que castigo nos daría si el se enteraba- se manejaba obedecia a su mano izquierda, pues le faltaba parte del dedo medio. A pesar de todo esto el maestro siempre utilizaba su mano izquierda para señalar el pizarrón o simplemente para hacer ademanes cuando hablaba. Era hipnotizante, y muy difícil ponerle atención cuando hacia eso, simplemente tu vista se quedaba en su mano. Habia muchas leyendas del porque de la falta ese dedo, algunos decian que lo habia perdido en una sierra eléctrica, otros que le habia caido un objeto pesado en un taller que tuvo, etc.
Juan Carlos era un compañero del salón, de esos weyes tranquilos, que se llevaban bien con todos, y de quien nunca te esperarias que hiciera algo fuera de lo normal, pero bueno todo puede pasar, recuerdo que un día tuvimos un exámen y a todos nos fue de la chingada, el maestro estaba algo enojado -que maestro se enoja cuando les va mal a sus alumnos? hasta ahora me cae el veinte de que ese profe era muy chido jeje-, y bueno, comenzamos a revisar el examen junto con el maestro quien nos hiba diciendo la forma correcta en la cual debimos haber realizado el exámen. nos preguntaba cosas y algunos no sabian que responderle, lo que hacia que cada vez el maestro se enojara más. Al llegar el turno de Juan Carlos el maestro levanto su mano izquierda y sorprendentemente la pregunta que le realizo fue: dime cuantos dedos tengo en esta mano?.
El silencio invadio el salón de porsi callado.
Qu...que? -respondio Juan-
Le estoy preguntando cuantos dedos tengo en esta mano -insistió el maestro con la voz mas alta que la primer vez-
Y si esta no me la responde bien de plano lo repruebo -sentencio el catedrático-
Pues cuatro y medio maestro -contesto Juan con más firmeza que un soldado en Irak-
El silencio sepulcral se rompio en el salón cuando el maestro sonrio y dijo "muy bien, me gusto su sinceridad jovén." Y el maestro mostró una de las poquisimas sonrisas que le vimos en todas las clases.
Creo que hasta hoy en día este relato se debe andar contando ayá en los salones y pasillos de la prepa.
Hasta pronto.